Debido a los diversos aspectos que a lo largo del tiempo se han ido añadiendo al concepto de bullying; no existe una clasificación única, y hasta el momento, de acuerdo con la página de Internet de la Fundación en Movimiento, A.C., se han tipificado, por lo menos, seis manifestaciones de este tipo de violencia:
Bullying físico: Puede ser directo e incluye golpes, empujones, pamba, jalones, o cuando se organiza una golpiza entre varios, al acosado o acosada; el indirecto, incluye el robo de pertenencias o, cuando deliberadamente se daña, rompe o esconde cualquier clase de objeto de la víctima.
Bullying psicológico: Existe una persecución, intimidación, tiranía, chantaje, manipulación y amenazas al otro. Dichas acciones, dañan la autoestima del individuo y fomentan su sensación de temor.
Se pelean porque se quieren”, se suele decir cuando dos hermanos se agreden y molestan. Pero, no confundamos. El abuso físico y psicológico que se da entre hermanos no tiene nada de “normal”.
De hecho, estas agresiones pueden llegar a compararse con el bullying. Incluso la salud mental entre niños y adolescentes se ve igual de afectada que la de las víctimas del acoso escolar.
O al menos eso señalan los resultados de un estudio realizado por la Universidad de Nuevo Hampshire.
Para la investigación se analizaron los datos de la Encuesta Nacional sobre la Exposición de los Niños a la Violencia, cuya muestra era de 3 mil 599 niños niños, de entre un mes y 17 años de edad.
En el estudio publicado este verano en la revista científica Pediatrics, los expertos tomaron como referencia las agresiones físicas, con y sin armas, la agresión a la propiedad, como robar o romper las pertenencias de un hermano a propósito, y el abuso emocional, que se puede manifestar cuando se intimida o se hace sentir mal a un hermano.
Y compararon estas mismas conductas con las perpetradas por compañeros de clase.
Los resultados arrojaron que el 32 por ciento de los niños evaluados reportaron haber sufrido, en el último año, de algún comportamiento hostil de parte de un hermano.
También fueron quienes experimentaron mayores secuelas emocionales, con altos niveles de ansiedad, trauma y depresión.
Pero la salud mental de quienes fueron agredidos por sus hermanos resultó igual de grave que la de aquellos que sufrieron acoso escolar.
“Nuestro estudio demuestra que la agresión entre hermanos no es benigna en niños y adolescentes, independientemente de qué tan severa o frecuente sea”, dijo Corinna Jenkins Tucker, autora principal de la investigación.
Y es que los pleitos entre hermanos tienden a ser vistos como algo normal o inofensivo, agregó Tucker. “Algunos padres incluso creen que beneficia a los hijos, pues consideran que los entrena para lidiar con el conflicto y la agresión en otras relaciones”.
El problema es que los efectos del bullying entre hermanos continúan en la vida adulta y “pueden deteriorar su sentido de identidad y su autoestima”, dijo a The New York Times John V. Caffaro, psicólogo clínico y autor de “Sibling abuse trauma”.